Loco por la libertad

Si a Mahatma Gandhi lo hubieran psiquiatrizado por hacer huelga de hambre,
probablemente la India todavía sería una colonia británica.
Ser y Actuar

Català
Pere BonninPere Bonnín (Escritor)
Kiosco y Más - Última Hora - 12 jun. 2016 - Pag. 37
Loco por la libertad (PDF)

David Raventós, un licenciado en derecho de 46 años que domina 6 idiomas, inició el 3 de mayo pasado una huelga de hambre en Barcelona bajo el lema “Fam de llibertat” (hambre de libertad), que debía durar hasta que Catalunya y Escocia declarasen su independencia. Acabó encerrado contra su voluntad en el Departamento de Psiquiatría del Hospital del Mar. Pueden leer su historia en http://diarigran.cat/2016/05/fam-de-llibertat/

Su huelga de hambre ha pasado desapercibida a los medios de comunicación convencionales, capaces de enviar cámaras y titular a cuatro columnas una huelga de hambre por el maltrato a las orugas. El error de Raventós, que lleva 25 años luchando por David Raventosla libertad en todos los cenáculos del independentismo catalán, ha sido atacar a todos los frentes, acusando a los líderes del llamado procés de dar largas en beneficio de la “unidad de España”.

Dijo en alta voz y en público lo que gran parte del independentismo catalán comenta en privado. Nada concreto, cierto, sin señalar, aunque la reacción de silencio oficial y oficioso, así como el desenlace psiquiátrico de su huelga de hambre, hacen suponer que sabe demasiado.

El uso de la psiquiatría contra la disidencia fue contundente tras la segunda guerra mundial, principalmente en la URSS y los países socialistas del este europeo. El psiquiatra húngaro Thomas Istvan Szasz (1920-2012), emigrado a Estados Unidos, profesor de la Universidad de Siracusa (Nueva York), acuñó el concepto de “Estado terapéutico” para definir la inmoralidad de los tratamientos psiquiátricos forzados por el Estado en casos de conductas perturbadoras, pero no delictivas. El hambre de libertad, para uno mismo y para su pueblo, no es una conducta enfermiza sino la más sana de todas las conductas. ¿Quién encerraría en un psiquiátrico a Jefferson, Franklin, Adams, Washington, Bolívar, Mandela, O’Higgings, San Martín, Napoleón, Espartaco, etc.? Probablemente sólo lo harían aquellos locos que gritaban “¡vivan las cadenas!” y sus descendientes, que prefirieron la sumisión a cambio de unas migajas, aunque se vean obligados a arrugar su dignidad lamiendo los zapatos o el culo del déspota. Por fortuna para los tiranos, esos locos son multitud y la dignidad clarividente una excepción.

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